
El 8 de abril de 2013 publicábamos en este blog el articulo
“La partida de Mus española”, una analogía de este juego de cartas español para
describir y analizar todos los movimientos que se habían dado en el llamado
proceso soberanista catalán, o llamado por su nombre, proceso secesionista
catalán.
Comentábamos que la proposición del Pacto Fiscal que Artur Mas
hizo al gobierno central una vez llegó al poder de la Generalitat en 2010, fue
el primer envite al Estado, envidando a
la Grande. Y que, tras la negativa de este, ya con Rajoy en el poder con
mayoría absoluta desde 2011, Artur Mas también
envidaba a la chica, promoviendo
el “derecho a decidir” y finalmente animando a todo el pueblo catalán y todas
las formaciones políticas catalanas a participar en la manifestación
independentista de 2012, durante los actos de la Diada.
El presidente del gobierno, el Sr. Rajoy, sencillamente se
limitó a ver esos envites, negándose al pacto fiscal primero y a una consulta
secesionista después. Posiblemente por la mala situación económica de la
Generalitat, imaginó que Mas había envidado más por necesidad que por cartas.
El éxito de esa manifestación independentista del 11 de
septiembre de 2012 ofuscó la mente del Sr.
Mas, y creyó ser el responsable de
haber unido en ella a lo que dicen que fue un millón y medio de catalanes. Y convencido
del apoyo del pueblo catalán hacia su figura mesiánica, decidió hacer una apuesta
muy elevada en el envite a pares.
Como si tuviese duples Gallegos, dobles de pitos (ases) y cerdos (reyes), el
Sr. Mas se fue directo a la Moncloa: O pacto fiscal, o elecciones anticipadas para votar por la convocatoria
de una consulta secesionista.
No estaba el gallego para muchos Gallegos, y sabía que la
Generalitat estaba arruinada y necesitaba dinero. Rajoy no se tragó el farol y
le vio el envite con un portazo.
Aquel envite a Pares, consumado con el adelanto electoral de
las autonómicas catalanas en 2012, y la consulta “por un Estado propio dentro
de la UE” en el programa electoral de CIU, resultó ser catastrófico para Artur
Mas. La UE no había apoyado la idea y los mercados indicaron el riesgo de una posible
secesión. Se unió a esto publicaciones en los medios sobre supuestos casos de corrupción de los Pujol, que recordaban los que ya se conocían del Palau y otros. El president había hecho una apuesta demasiado alta, y con tan malas
cartas acababa de arruinar su partida.
Las elecciones de 2012 demostraron que, aún con toda la
propaganda y petición expresa del president de acudir a votar en apoyo a su
consulta secesionista, un 50% del electorado no votó por partidos que la
apoyaban. Los escaños soberanistas no se habían movido de su sitio con respecto
a 2010, y los independentistas siquiera confiaban en el president para hacer
realidad la secesión de Cataluña. El voto independentista se había destinado a
ERC.
Fue aquí donde nos quedamos en el artículo de abril de 2013,
con un Artur Mas que había perdido 12 de los escaños obtenidos en las
elecciones de 2010, ahora en manos de ERC, animando a todos los partidos
pro-consulta a entrar en el gobierno de la Generalitat, y alarmando sobre una
emergencia nacional: “No está en juego el Gobierno; lo está el país”. Pero ningún partido entonces mostraba
interés en compartir gobierno y desgaste político con CIU. Más bien esperaban
como buitres la muerte política del president.
Nuestro artículo animaba al diálogo a todos los políticos
implicados y a mostrar altura de miras para solucionar el estado de crispación
ciudadana que se vivía en Cataluña.
Solo quedaba
el invite al juego. Ese juego al que se refería la magistrada del TC,
Encarnación Roca, cuando explicaba que "Los
problemas políticos no son problemas constitucionales que deba resolver el
TC",. El periodista Iñaki Gabilondo era aún más explicito: “Es la
política, estúpidos”.
Pero ni el Sr. Mas ni el Sr. Rajoy, parecían darse por
aludidos en ese llamamiento de la magistrada, del periodista, de los
empresarios, y de buena parte de la sociedad española reclamando diálogo y
política en su juego.
La apelación al diálogo resulta ingenua, sabiendo que los
políticos sufren de la misma “patología” que casi todos nosotros, las prisas.
La política es cortoplacista, de resultados inmediatos, poco susceptible a una
planificación de futuro. Y esta partida se estaba jugando ahora, de cara a las
próximas elecciones municipales, autonómicas y generales de 2015.
El adelanto de las autonómicas en 2012 para recabar un gran
apoyo ciudadano en favor de la consulta, fue una estrategia electoral, sin
duda. De haberle salido bien al Sr. Mas, hubiese aumentado su poder en el
parlament y lo hubiese usado como instrumento de presión contra el gobierno
central. Pero le salió muy mal, ya no podía gobernar en solitario, necesitaba
apoyos. Para muchos jugadores esto ya hubiese sido el final de la partida,
habrían dimitido.
Pero Artur Mas se negó a tirar la toalla, quiso mantenerse
en el gobierno de la Generalitat, y para ello no le quedaba más remedio que
hacer la consulta secesionista que llevaba en su programa, y que por el
resultado de las elecciones era apoyada mayoritariamente. Eso, o ser comido por
el monstruo del independentismo que él mismo había alimentado.
Para mantener la Generalitat en su poder, solo podía contar
con el PSC, que le daba su apoyo si la consulta se pactaba con el gobierno
central, algo que todos sabían no iba a ocurrir, y con ERC, que condicionaba su
apoyo a hacer la consulta si o si, independientemente de la decisión del
gobierno de España. Entre lo imposible y lo arriesgado Mas se quedó con lo
segundo.
Pero el apoyo de ERC no sería gratuito. Su líder, Oriol
Junqueras, no estaba por la labor de entrar en un gobierno obligado a efectuar una
sangría de recortes, pero controlaría el gobierno de CIU a través de nueve
comisiones de seguimiento hasta condicionar su programa, obligándola incluso a
elevar los impuestos. Por otro lado, Artur Mas lograba formar un bloque pro-consulta
con la izquierda catalana (los independentistas ERC y CUP, e ICV, brazo de IU
en Cataluña), dando sensación de unidad parlamentaria en torno a la consulta.

Artur Mas estaba jugando de forma temeraria. Envidando de
forma desesperada, por mera supervivencia ante su muerte política inminente, frente
a un Mariano Rajoy que sabía no le quería dejar ganar nada.
Si de un mero juego de cartas hablásemos, poco se le podría
reprochar al presidente del gobierno. Rajoy ha adoptado el papel de bueno.
Advirtió antes a su adversario que sabía que iba de farol y que no le dejaría
ganar. Ha jugado con un pragmatismo casi técnico, siendo paciente pero
implacable durante la partida. Se a limitado a ver los envites a lo largo de ella,
sin aumentar las apuestas, y ahora, en el envite al juego, respondía
discretamente a cada aumento de apuesta que entre bravuconadas le hacía su
contrincante.
El problema para Rajoy ha sido terminar la partida contra
alguien que ya la tenía perdida, y que ahora trataba de paliar esa pérdida,
jugando de forma suicida, lo que le ha llevado a asumir riesgos que no deseaba.

Aún con la negativa del gobierno central a la consulta, en
Cataluña los políticos ya se han acostumbrado a hacer lo que les da la gana, y
entre hacer caso omiso al gobierno de España, o hacer lo mismo a los
independentistas, la elección estaba clara. Todos sabemos de la capacidad de movilización
ciudadana de Carme Forcadell y su asociación independentista ANC.
Desde entonces al Sr. Mas le tocó el papel del malo, y
comenzó el circo que ha durado hasta hoy, y que aún continuará más tiempo… El
papel del feo lo haría Junqueras por razones obvias, ahora convertido en el
diablillo de la conciencia del president, que le ha ido animando a arriesgar lo
que él, por no participar en el gobierno catalán, no ponía en riesgo.
Artur Mas pasaba de asegurar en septiembre de 2013 que no
habría consulta sin el aval del Estado, anunciando unas plebiscitarias en 2016,
a aumentar la apuesta más tarde asegurando que la consulta se produciría de
cualquier modo, y a aumentarla de nuevo en marzo de 2014, asegurando que no
descartaba una "declaración
unilateral de independencia", una DUI. El “angelito” bueno de su conciencia, el Sr. Duran i Lleida,
asustado ya nos advertía de ello.
Todo esto adornado por pomposas declaraciones políticas
aprobadas en el seno del parlamento de Cataluña: En enero de 2013 se declara a
Cataluña como “sujeto soberano” para convocar la consulta, y en octubre de
2014, se hacía efectiva esta convocatoria junto con la aprobación de la junta
electoral.
Y para dar aún más seriedad al asunto, se creaba en 2013 el Consejo
de Transición Nacional (CTN), el
órgano creado para garantizar las condiciones
democráticas de la consulta secesionista y el futuro nuevo estado catalán. Este
diseñaría las llamadas estructuras de Estado para “garantizar la transición
nacional”: La
Administración Tributaria Catalana; conversión del instituto de crédito
catalán en el banco público de Cataluña; Tesorería de la Seguridad Social catalana;
Administración de Justicia y la policía, etc.
La cosa parecía verdaderamente seria. Quien presidía el CTN
era Carles Viver Pi-Sunyer, un prestigioso
jurista exmagitrado del TC. 34 jueces catalanes enviaban un comunicado defendiendo
el derecho de Cataluña a la autodeterminación y legitimándola como nación.
Entre ellos el conocido juez Santiago Vidal, que participaría en la redacción
de la futura Constitución catalana.
Aparecían figuras de fama internacional como José Carreras y Pep
Guardiola en apoyo al derecho a decidir. Economistas catalanes con plazas en
Harvard, Princeton y otras universidades de presitigio internacional, se
asociaban en el Collectivo Wilson para explicar las bondades de la secesión. Y
las Diadas de 2013 y 2014 se convertían de nuevo en otras multitudinarias
manifestaciones en defensa de la independencia y el derecho a decidir. El mismo
Camp Nou, casa de un Barsa con seguidores en toda España, abría sus puertas al
movimiento.

Y es que la sensatez nos dice que, por más multitudinarios
que sean los actos, por más solemnes las declaraciones del parlament, y por más
figuras que apoyasen el derecho a decidir, hay algo en el proceso que dentro de
un estado democrático no terminaba de cuajar: No respetar la ley. Una ley, la Constitución española de 1978, que ha sido votada en amplia mayoría
por todos los españoles, en especial por el 91% de catalanes, y que especifica
en su articulo 1 que “La soberanía
nacional reside en el pueblo español”, y en el 2 que “se fundamenta en la
indisoluble unidad de la Nación española”.
Una vez la sociedad española e internacional se ha
interesado por proceso soberanista catalán, se ha visto el déficit de cartas
con el que jugaba el president. Existen muchas incógnitas sin respuesta en
torno al futuro de una Cataluña independiente. Pero sobre todo, independientemente
de que la actitud del estado por no facilitar la consulta este sujeta a
crítica, se ha observado un proceso muy sucio y manipulado desde el govern y
los partidos y asociaciones independentistas.

El discurso victimista podía cuajar en una sociedad catalana
absorbida por los medios de comunicación nacionalistas, pero no en la comunidad
internacional, y menos aún en la española.
Artur Mas ha demostrado no saber jugar al Mus. Envidó fuerte
a pares jugando conlas chicas, la movilización ciudadana por la independencia,
y ya se sabe que el jugador de chicas es mal jugador de mus. Y si en el mus se
juega en parejas, Mas siquiera sabía quien era la suya. Pensó que jugaba con la
Unión Europea y esta le cerró todas las puertas por temor a una cadena de
escisiones territoriales en Europa. Y los mercados financieros, el compañero
que Artur Mas podría haber encontrado, con Europa en plena recesión, tampoco
podían arriesgarse a acompañarle en su juego.
A Artur Mas se le ha visto el farol, tal y como los mitos del
nacionalismo catalán iban cayendo.
La publicación de las nuevas balanzas fiscales de Montoro
descubrían que Cataluña no presentaba un déficit
fiscal mayor que el de
cualquier otra región rica occidental, y mucho menos que el de Madrid, siendo
sus condiciones fiscales mejores que las de otras regiones españolas como
Valencia o Murcia realmente discriminadas. La Generalitat se vería obligada a
abandonar el “Espanya ens Roba” por un simple pagamos mucho.


Y por fin, una nueva asociación, sociedad civil catalana,
unía a un buen número de figuras públicas catalanas para pronunciarse en su
deseo de seguir perteneciendo a España, en nombre de ese 50% de catalanes que
hasta ahora callaba.
El golpe de gracia fue la autoinculpación por fraude fiscal
de Jordi Pujol, acorralado por Hacienda, tratando de eximir a toda su familia
de un enriquecimiento ilegal de millones de euros. Allí en Dalt, yacía en el
suelo la estatua derribada del padre de la patria catalana, como símbolo de la
indignación y rabia de un pueblo por saberse engañado por quien consideraban
sagrado.
El proceso soberanista, o más bien llamado secesionista,
caía por el peso de sus vergüenzas. Por la insensatez de las mentiras y por ser
conducido desde la soberbia y el odio.
En febrero de 2014 Artur Mas pronunciaría una frase que se
ha hecho famosa: "Solo descartamos dos escenarios: la violencia y hacer el
ridículo". Por ahora el segundo escenario ya ha ocurrido.
Un jugador sin cartas al que ya se le ha visto el farol, si
se mantiene apostando solo por alargar la partida hace el ridículo. Más aún si
se acompaña de bravuconadas achuchando a los mossos de esquadra contra el
gobierno, o amenazando en los medios con consultas ilegales o DUIs para
desdecirse más tarde, eso ya es un espectáculo bochornoso.
Y el espectáculo se convertiría en algo verdaderamente
cómico, cuando aparecían personajes como la mediática Pilar Rahola en la foto
del Consejo de Transición Nacional, o cuando en el concierto organizado en
defensa de la consulta, el Concierto por la Libertad, aparecía Ramoncín
abucheado al gritar por Palestina, para dar paso después a Peret con su tema tan
español del “borriquito”. Y ahora, casi al final del espectáculo, el
entretenimiento se remataba viendo a Karmele Marchante entre el grupo de
voluntarios para informar sobre una consulta, ya suspendida cautelarmente por el
TC, o al Sr. Homs explicando que buscaba la forma de gestionar por si mismo la
web informativa de la consulta, para así evitar problemas legales a los
funcionarios.
El cierre del espectáculo, protagonizado ahora por el Sr.
Mas, verdaderamente lleva a la mofa. Tras asegurar una y otra vez que habría
consulta, incluso una vez suspendida cautelarmente por el TC, y después de un
número de reuniones con los partidos pro-consulta, en los que ni ellos parecían
saber lo que se acordaba, el Sr. Mas anuncia el 13 de octubre lo que todos
sabíamos: la consulta secesionista no se
podrá hacer. Y sin querer acabar tan ridícula actuación, Artur Mas informa
al día siguiente que en el 9N habrá un sucedáneo de consulta, sin censo ni
garantías democráticas, pero "con
locales abiertos, urnas y papeletas". Toma!!, toda una tomadura de pelo que a los hemos seguido esto nos llevó a
soltar una carcajada.
Para divertimento de todos, el tema aún continuará estos
días con nuevas ocurrencias del Sr. Mas, como esto que estamos oyendo de
publicar el recuento de votos el 10 de noviembre, pero mantener la votación
abierta hasta dentro de 15 días.
Desde que comenzó todo este proceso, el espectáculo dado
desde Cataluña ha sido verdaderamente vergonzoso. Un engaño en toda regla propiciado
por el Sr. Mas a todo su pueblo, con la única ambición de ganar tiempo y alargar
un poco más la partida.

Ya solo no lo ven los que por utopía o por odio se han quedado
ciegos. Desde el resultado de las autonómicas catalanas en 2012 hemos asistido
a un bochornoso paripé político. El objetivo final de cada uno de ellos nunca
lo sabremos con seguridad, aunque cuesta creer que cualquiera en sus cabales
pensase que se podría conseguir la independencia.
Desde luego se percibe con meridiana claridad que Artur Mas
no ha tratado más que salvar su legislatura, haciendo tiempo para ganarse al
electorado independentista aparentando determinación en el proceso de la
consulta. Pero un estómago bien alimentado no llevaría una consulta ilegal lo
suficientemente lejos como para sufrir un problema legal que le inhabilitase del
cargo. Pondría en riesgo su futuro como consejero en el govern o alguna empresa
privada.

La determinación y convencimiento de ambos partidos para
llegar hasta el final y asumir el riesgo de independizar Cataluña es cuestionable.
Es factible que Artur Mas, mal jugador de Mus, y Oriol Junqueras, que por no haber
estado nunca en el gobierno solo saber jugar a la Butifarra, estuviesen
determinados a ello. Llevar esto muy lejos hubiese roto CIU, pero el porcentaje
de electores que actualmente se llevaría la parte de Unió no independentista sería
muy bajo, por tanto Convergecia, la parte secesionista, no habría encontrado
mayor inconveniente en el seno del partido.
Pero se hace mucho más inverosímil creer que ninguno de los
dos partidos, CIU y ERC, no fuesen conscientes de que las condiciones para una
independencia a corto plazo no se dan. Además, la única forma de independizarse
mientras el Estado no permitiese un referéndum, es una DUI. Y esto no lo
consentiría ni la UE dejando a Cataluña fuera de Europa y del euro, ni los
mercados financieros que degradarían los bonos catalanes al nivel de los
ugandeses, y la respuesta de los españoles sería de completa animadversión,
mercado del que dependen el 50% de las ventas catalanas. Los propios catalanes
la rechazarían, e implicaría la inhabilitación para quien lo hubiese
proclamado. Por esto, la probabilidad de una DUI es muy baja.
Podemos decir, sin mucho riesgo de equivocarnos, que la
partida para Artur Mas se ha acabado. ERC le saca actualmente una ventaja en la
intención de voto de 6,7 puntos según la última encuesta publicada por el CEO
en octubre, y muy difícilmente podrá recuperar esta ventaja con un sucedáneo de
consulta, todo un proceso de recortes y casos de corrupción, y sin dar muestras
de complacer a los independentistas radicales proclamando una DUI. Siquiera
podrá usar a su favor la recuperación económica, porque este punto se lo
llevará el gobierno de Rajoy. Por tanto muy complicado lo tiene el Sr. Mas para
mantenerse jugando esta partida y menos para volver a jugar.
El actual líder del PSC, Miquel Iceta (al anterior se lo
llevó por delante el proceso soberanista este año), nos daba las claves de lo
que podemos esperar en lo que le quede de legislatura al Sr. Mas. Instaba a su
homólogo en el PSOE de España, y también nuevo secretario, Pedro Sánchez, a
olvidarse de pactar con Artur Mas el apoyo del partido a cambio de renunciar a
la consulta y apostar por una reforma constitucional, Los motivos de Iceta ofrecen
luz sobre lo que podemos esperar estos días: Sin consulta permitida por el
Estado, en aquel momento en que CIU aún resultaba favorecida en las encuestas, Artur
Mas convocaría unas elecciones anticipadas formando un bloque de partidos
secesionistas con él a la cabeza, haciendo una votación plebiscitaria en torno
a la secesión, que posiblemente le daría de nuevo el poder de la Generalitat,
con suficiente apoyo como para obligar al estado a pactar un referéndum. En
este caso ya no necesitaría del apoyo de los socialistas.
Pero Artur Mas ha jugado tan mal que las encuestas ya no
favorecen a su partido, y el hecho de hacer ese bloque de partidos
secesionistas implicaría tener a Junqueras como cabeza de la lista, por lo que
es posible que las elecciones se retrasen. Junqueras provocará el adelanto
electoral para gobernar en solitario, y si las urnas se lo permiten, incluso se
atreva a hacer una DUI.
Aún con ERC en el poder de la Generalitat, no es realmente
la escisión del territorio lo que está en juego. Aunque ganase unas elecciones
plebiscitarias convocadas con este objetivo, podemos augurar que difícilmente
se producirá una DUI. Y si algún loco se atreve a hacerlo, el nuevo estado
catalán durará menos que las 9 horas del de Companys en el 1934.
No jugamos con cartas Fourier, ni con garbanzos, sino con
las expectativas de millones de personas que aún creen en las acciones de sus
gobernantes para salir de una crisis económica importante, y es esto con lo que
lamentablemente se esta jugando.
Si de un simple juego de cartas se tratase, podríamos
asegurar, aún sin acabar de contar los puntos, que Artur Mas ha sido vapuleado
por el pragmático Rajoy y esta partida ya ha terminado para él. Pero se jugarán
otras partidas de Mus, y sean quienes sean sus jugadores, se va a tener que
lidiar con una tarea mucho más compleja: El odio que los nacionalismos de todo
tipo, y todo este proceso, ha provocado en la sociedad catalana y también en la
española. Esto requerirá de mucha más mesura en el juego que lo que en esta
partida de Mus hemos observado.
Rajoy parece querer allanar el tapete en el que se va a
jugar en un futuro inmediato. En el papel de bueno que ha adoptado, insiste en
ofrecer diálogo sobre todos los aspectos que afectan a Cataluña, siempre dentro
de la legalidad. No es un mal comienzo, y esperemos que el Sr. Mas sea por fin sensato
para permitir que la nueva partida se juegue en un ambiente distendido. No
implica esto renunciar a ninguna aspiración sincera del pueblo catalán. Todos
entendemos que, como dijo el presidente de Convivencia Cívica Catalana,
Francisco Caja; "si una mayoría de catalanes quieren ser una nación
independiente al final lo serán porque no se puede poner puertas al campo".