lunes, 24 de junio de 2013

La Lógica Narcisista de la independencia de Cataluña

Una Cataluña independiente en tiempos normales es completamente viable, pero ahora, con el volumen de deuda que tiene, no es posible. Esto es la opinión de la mayoría de expertos internacionales según el periódico Público. Josep Oliver, catedrático de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB), explicaba que con la independencia de Cataluña su “deuda alcanzaría el 80% del PIB” y “no es imaginable”, y recalcaba que quienes la plantean lo hacían “como idea de medio plazo”. 

Esto lo saben los políticos de CIU, ERC, PP, PSC y cualquiera inmiscuido en el actual embrollo secesionista. A unos les sirve para ganar votos, a otros para tratar de conseguir mayor financiación, a otros para vender más periodicos... en fin, un negocio, como todo en esta vida. Y como decía Angel de la Fuente, “si aún sabiéndolo optan por embarcarse otra vez en la misma aventura, la única conclusión posible es que lo hacen con el objetivo de tener un motivo más de agravio".

A la mayoría de españoles fuera de Cataluña la independencia de esta, o no les importa nada, o no se la creen, o sencillamente son contrarios a que Cataluña, ni ninguna otra CCAA, se secesione.

La realidad es que en Cataluña nadie sabe realmente cuanto beneficiaría la independencia, siquiera los del collectiu wilson se han atrevido a dar números. Esto depende de como se comportase el mercado español, las multinacionales, y sobre todo la capacidad de Cataluña para exportar, y esto último depende de su capacidad para competir contra el resto de estados de la EU, y especialmente contra Asia y Latinoamérica. Contando con que los mayores importadores de productos europeos son precisamente el mercado interno de los estados miembro de la UE,  la capacidad para salir de la crisis y convertirse de nuevo en una demanda fuerte sería decisiva para una Cataluña exportadora. Y es aquí donde esta el problema y quizás actual ventaja para una Cataluña independiente.

Las razones de la independencia no están en que Cataluña fuese una nación histórica, pues nunca lo fue; o que los catalanes no se sintiesen españoles, en los buenos tiempos lo sintieron como los que más. Josep Pla a finales del XIX, decía que “Los catalanistas eran muy pocos. Cuatro gatos” y hacia 1600 Miguel de Cervantes refleja la sociedad barcelonesa en la segunda parte de El Quijote, explicando que el español era lengua de uso habitual y que los barceloneses se referían a ella como “nuestra lengua”.

España tampoco ha expoliado a Cataluña. Gonzalo Martínez Díez, catedrático de Historia del Derecho Español, 1976, explicaba que el desequilibrio fiscal por habitante en contra de la Corona de Castilla con respecto a la de Aragón varió entre cifras de un 400% superior en 1553, a un 838% en 1623 y hacia 1833, si cada castellano pagaba 29,5 reales, los de la corona de Aragón pagaban 11,5. La realidad histórica demuestra que España ha privilegiado a las élites catalanas más que a nadie, y fueron los castellanos los mayores  agraviados por el franquismo o los monarcas españoles.

Independientemente de las prohibiciones borbonas hacia la lengua catalana en las instituciones públicas o en la escuela, hoy solo se enseña catalán en las escuelas catalanas, y el conocimiento de esta lengua condiciona el acceso a las plazas públicas de Cataluña.

Tampoco hoy existe agravio de ningún tipo. Cataluña paga más porque gana más gracias al mercado que tiene en España, y que casi implica el 50% de sus ventas, y aún así reciben mucha más inversión del estado que la mayoría de CCAA, aún pagando menos que algunas de ellas. Según el informe “el stock y los servicios de capital en España y su distribución territorial y sectorial (1964-2010)”, elaborado para la Fundación BBVA hace un año, Cataluña es la autonomía que acumula mayor inversión absoluta en infraestructuras públicas.

Nada de los supuestos agravios que airea la Generalitat son ciertos. Pero la realidad es que, en una lógica narcisista, quizás los catalanes ya no necesitan a España para nada. Son una región rica, ya se encargó España de facilitar su enriquecimiento, y los catalanes supieron como hacerlo. Y cuando hablamos de catalanes hablamos de gente de toda España, como ocurre en el resto de las regiones. Según el Instituto Nacional de Estadística (INE), los apellidos García, Martínez y López siguen siendo los más comunes de los catalanes como en el resto de España ,entre el 23 y el 15 por mil de la población, seguidos por los Sánchez, Rodríguez, Fernández, Pérez y González por encima del 12 por mil cada uno. Los apellidos de origen estrictamente catalán no se encuentran en Cataluña hasta la posición 26, 27, 31, 33 y 36 que son los Vila, Vidal, Serra, Martí y Ferrer, entre el 2‰ y el 2,43‰ de todos los apellidos en primero o segundo orden de Cataluña.

Pero hoy día no hay guerras para necesitar un país militarmente fuerte que defienda cualquiera de sus regiones. El consumo en España se ha reducido en índices alarmantes, en Europa esta estancado, y Asia y Latinoamérica dentro de poco sustituirán su demanda interna. En esta línea, una Europa cuyos consumidores serán sustituidos por asiáticos y latinoamericanos, y una España esta aún peor, ¿de que sirven a Cataluña?. 

Cataluña puede funcionar como un estado independiente. No sabemos el tiempo que necesitarían, pero lo que dejen de vender a España fácilmente puede ser sustituido por lo que vendan a Asia, Latinoamerica, EEUU, Rusia y otros países de la unión. A priori, si su nivel de ventas en el mercado nacional no cayese de forma estrepitosa tras su secesión, y fuese paliando su paulatina pérdida con exportaciones, ¿para que necesita compartir sus beneficios con el resto de españoles, cuya cuota de mercado inevitablemente tiende a ser menos importante para Cataluña?.

Esta es la lógica, narcisista, pero la lógica de la independencia. Ahora, también puede ser el mayor error de su historia. El ejemplo de la antigua Checoslovaquia es una buena lección. Basados en el estudio “Integration, Zerfall und Handel in Europa”. Zentrum für Europäische Integrationsforschung. Rheinische Friedrich-Wilhelms-Universität Bonn, cuatro años tras la disgregación de Checoslovaquia, las empresas eslovacas y checas vendían al otro lado de la frontera un 65% menos que antes de la separación. Según los datos del CIA World Factbook, en 2011, las empresas de Eslovaquia solo son capaces de vender en la actualidad a consumidores checos un 15% de sus ventas. En el caso de Chequia, la rica del duo, este porcentaje se ha reducido aún más a sólo el 9%.

Cataluña competiría no solo con toda la UE y EEUU por esa nueva demanda en Asia y Latinoamérica, sino también con España, pero esta última lo tendría más fácil para absorber el negocio que en España dejase Cataluña, además de competir con ella para absorber lo que haya en el mundo. 

Cataluña sin España no tiene motivo para albergar el conjunto de multinacionales que abastecen la península ibérica, Portugal incluida, y también España esta muy consolidada en Latinoamérica. Los grandes bancos y empresas catalanas lo son gracias a un mercado de 47 millones de habitantes, cuanto menos, que disfrutan en toda España, y no de 7 millones como tiene Cataluña. El puerto de Barcelona tampoco será el receptor de grandes buques de carga provenientes de todo el mundo, no tiene calado suficiente, lo podrá ser Valencia, Cartagena o Almería. Cataluña estará tan cerca de Francia como España a través de Huesca. Tampoco tiene una mejor situación estratégica con respecto a España en nada.

Hoy día, si estuviésemos en condiciones normales, y España no boicotease a la industria catalana, podría ser interesante la independencia, pero a largo plazo parece que podría perder mucho más de lo que hoy en día tiene.

Aún así, es un riesgo que los catalanes han de asumir o no, eso depende de la animadversión o apego que sientan hacia España. Lo curioso es como se ha podido conseguir que una población que ha estado unida toda su historia a otra, con apellidos y gente que vienen de todas sus regiones como en el resto de España, que han disfrutado y sufrido juntos a lo largo de toda su historia, hoy día, entre un 45% y un 55% de la población catalana tenga claro que quiere separarse por ser gente distinta de sus compatriotas, con argumentos de ser expoliados, lingüísticamente agraviados, y hablando con total convencimiento de relaciones bilaterales entre dos naciones. 




lunes, 8 de abril de 2013

LA PARTIDA DE MUS ESPAÑOLA



A día de hoy, Artur Mas sabe que ha arruinado su partida. Aquella manifestación el día de la Diada de 2012 reuniendo a lo que dicen que fue un millón y medio de personas en Barcelona proclamando la independencia, ofuscó su mente.

No toda la culpa es de él. Estaba jugando al Mus con unas cartas muy malas, llevaba un ciego, ni pares ni juego, y sabía que su principal adversario tampoco las tenía buenas. En Cataluña cuando se juega al mus no vale mentir, ni antes ni después del corte, pero en el resto de España, se puede, y el president lanzó un farol envidándolo todo. La grande, la chica, todo…

Cuando Artur Mas llegó al poder, la economía catalana cargaba con un lastre importante: Una deuda que ya alcanzaba el 17,3% del PIB de Cataluña. El gobierno tripartito, entre 2003 y 2008, había aumentado la deuda de 10.900 millones de euros a 15.776 millones. El porcentaje de deuda que encontraron cuando accedieron a la Generalitat del 7,4% del PIB, aumentó un 50% en ese periodo. Aún peor, el cuestionamiento por parte del gobierno central de Zapatero del alcance de la crisis, junto con los compromisos de gasto contraídos por el tripartito durante las elecciones, hicieron aumentar de nuevo esa deuda. Se disparó a 20.825 millones en un año, aumentando aún más la que ya existía en 2008, y triplicando la que había dejado el gobierno de Pujol, cuando por vez primera accedieron a la Generalitat en 2003. Un lastre de deuda del 17,3% del PIB catalán en herencia para el nuevo gobierno de Artur Mas.

Pero Artur Mas sabía que en la partida de Mus de España, Cataluña suele jugar con buenas cartas. No son los catalanes malos jugadores. Allí, como en casi toda España, se juega con naipes Fournier. Es una región muy rica, de hecho, como nos dice José Luis Feito, presidente del Instituto de Estudios Económicos, Cataluña alcanzó en 2007 una renta per cápita que era un 120% de la media de la UE, superior a la de Alemania (que se situaba en el 116% de la media de la UE). A priori, si fuese un estado
independiente, sería uno de os más ricos del mundo.

Por ello, aún sabiendo que la situación económica de Cataluña ya era complicada, Artur Mas llegó al gobierno de la Generalitat con el pacto fiscal bajo el brazo. Sabía de sobra que el gobierno central del PP, gestionando una merma económica de la misma magnitud que la catalana en el estado, no aceptaría nunca un sistema de financiación a modo de fuero vasco para Cataluña. Eso implicaría perder los recursos que aporta una de las tres únicas autonomías aportadoras netas al Estado. España no se podía permitir algo así, y la Generalitat de CIU lo sabía. Pero envidando a la grande, al menos podía presionar para mejorar sus condiciones fiscales.  

El problema de ambos jugadores, Gobierno central y Generalitat, es que en esta partida de España, hay otro, u otros jugadores, que parecen llevar bastante mejores cartas que ellos. Bruselas jugaba fuerte, y estaba apostando alto. Fijaba objetivos de déficit del 3% del PIB y una deuda inferior al 60% del PIB
para cada estado de la unión. Una apuesta muy alta para España, que a cierre de 2010 barajaba una cifra de déficit del 9,2% de su PIB y del 61,50% del PIB de deuda pública. La Generalitat, por su lado, ya presentaba un déficit del 3,9% de su PIB, y su volumen de deuda era con creces el mayor de entre todas las comunidades, un 27,6% del total de la deuda acumulada entre todas ellas, y que en el 2010 ya sumaba el 9,8% del PIB español.

Si Rajoy llegó al poder del gobierno central en noviembre de 2011, el déficit autonómico ya había alcanzado el 1,20% del PIB en el primer semestre, cuando el objetivo de este para todo el año era del 1,30%.

Sabiendo que la presión venía de arriba, desde Bruselas y Alemania, más que desde el gobierno central, la Generalitat aplicó la política de austeridad exigida, reduciendo su gasto público entre el 2011 y 2012 un 17,4%. Pero aún con ese enorme esfuerzo, desde que Artur Mas llegó al poder en 2010, la deuda había seguido aumentando hasta alcanzar en agosto de 2012 los 42.000 millones (el 21% del PIB
catalán) según los datos del Banco de España.

Lo cierto es que las políticas de austeridad impuestas por Bruselas, con la Alemania de Merkel llevando la batuta, no estaban produciendo los resultados esperados, ni en España, ni en el resto de Europa. La crisis empeoraba. En España la deuda del conjunto de las administraciones públicas alcanzó los 884.416 millones de euros en 2012, lo que equivalía al 84,1% del PIB, su nivel más alto de una serie histórica que arranca en 1990. Un incremento de la deuda publica del 20% solo en ese año. Para 2013, el Ejecutivo esperaba que la deuda escalase al 90,5% del PIB.

En junio de 2012 se negociaba el rescate financiero de la banca española, aquel del famoso “España no es Uganda”, y en julio de 2012 Montoro negociaba con las autonomías unos objetivos de déficit para sus administraciones del  0,7% para 2013 y del 0,1% para el 2014, manteniendo su firmeza de no relajar el déficit autonómico autorizado del 1,5%.

La Generalitat se sentía fiscalmente ahogada, y ya había lubricado todo su aparato mediático en Cataluña para envidar a la chica. El 8% de déficit fiscal del estado con Cataluña, calculado por el respetado economista Mas-Colell, y ahora conseller de economía de la Generalitat, se presentaba como el expolio que el estado practicaba sobre Cataluña anualmente. Los catalanes ya podían olvidarse del malgasto del tripartito, de los recortes de CIU, y de la corrupción de sus políticos. Ahora solo se oía aquello de “Espanya ens roba”. La demagogia de CIU lograba lo que mejor sabe hacer el nacionalismo catalán: culpar a España de todos sus males. 

La realidad es que por más que CIU aplicase una política de austeridad intensa, la Generalitat de por sí es cara. La diplomacia nacionalista tiene un precio muy alto: 32,8 millones de euros que incluyen el mantenimiento de seis «embajadas» situadas en barrios lujosos de Nueva York, Berlín, Londres, Buenos Aires, París y Bruselas. Un gasto considerable para la situación de crisis económica que vive Cataluña. Paralelamente existen 27 agencias comerciales para las que la Generalitat destina 11,7 millones de euros. Todas esas embajadas, excepto la de Bruselas, fueron creadas por el Tripartito,  y cuestan al año 1,1 millones de euros. A esto hay que añadir los mas de 378 millones de euros al año que la Generalitat gasta anualmente en mantener sus 8 cadenas de televisión y más aún de radio, de los que 260 millones los aporta la Generalitat, el 69% de este gasto.

Artur Mas no estaba por la labor de reducir el volumen de su caro aparato propagandístico. Gracias a él, la Generalitat ha mantenido a gobiernos nacionalistas en la presidencia desde hace más de 30 años de democracia, y excepto por los 8 años del tripartito, todos ellos de CIU. Desprenderse de él es desprenderse de su mejor arma para mantener afín a su causa al electorado catalán, y por ende, presionar al estado con más nacionalismo.

Así, los recortes en Cataluña se habían aplicado casi exclusivamente sobre servicios que afectan directamente al bienestar de los ciudadanos catalanes, que de por sí ya son más reducidos en Cataluña que la media estatal (un 12,7% de PIB en 2008, cuando la media del resto del estado era de un 14,1% del PIB en el mismo año).

Se recortase donde fuere, bien en bienestar social bien en el aparato de propaganda, el cumplimiento de déficit autonómico que imponía el estado, ya le estaba costando a CIU un importante rédito electoral, que sería aún mayor al final de la legislatura. Y mientras tanto, el gobierno culpaba dentro y fuera de España a las autonomías de los incrementos de deuda pública, y de la incapacidad de cumplir su objetivo de déficit del 3,5% del PIB, a pesar que el 60% del déficit total recaía en la administración central. 

En esta tesitura, a Artur Mas le llegó una valiosa carta, fruto de la demagogia anti española que ahora ocupaba a los medios catalanes, y tan valiosa como para, aireándola frente a sus contrincantes, arriesgar un farol envidando a todo. Animó a su población a participar en la manifestación independentista convocada el 14 de septiembre de 2012, cualquiera que fuese su ideología, en protesta contra “la asfixia” financiera que España estaba provocando a Cataluña. Fletó autobuses e incluso trenes públicos para asistir al evento, y logró unir en Barcelona a lo que dicen fue un millón y medio de almas. Por aparecer allí, apareció incluso Duran i Lleida, con muletas, mientras declaraba no ser independentista.

INDEPENDÈNCIA!!, se envidaba a la chica. Aquella manifestación permitía hablar de secesión a la mismísima Generalitat, algo inimaginable hasta entonces. Una buena gestión de ese sentimiento, podía dar más poder a Artur Mas sobre el gobierno central, de lo que nunca antes lo había tenido un
presidente de la Generalitat.

El farol tenía todos los ingredientes para ser creíble. Xavier Sala i Martín, el mediático economista nacionalista de la universidad de Columbia, tan conocido por sus extravagantes americanas, y sus amenas explicaciones económicas en el diario La Vanguardia, lanzaba la carnaza que el independentismo quería oír. En su blog textualmente publicaba que “si Catalunya fuera un estado independiente y su gobierno tuviera una deuda de solo el 21% del PIB y si, además, su déficit estuviera entre el 1,5 y el 3% del PIB, sería considerada una de las economías más sanas del mundo y los mercados financieros se pelarían por prestarle dinero”. Indicaba sin reparos que el motivo de la falta de financiación de los mercados a Cataluña era formar parte de España, un país que había perdido toda su credibilidad, matizaba.

La Generalitat ya se había encargado antes de calentar las brasas del independentismo. Através de la fundación CatDem, una organización vinculada a CIU, las catedráticas de la universidad de Barcelona, Nuria Bosch y Marta Espasa, ofrecían unos optimistas resultados sobre los beneficios de la secesión. Calculaban haciendo una media de los datos macroeconómicos de Cataluña entre 2006 y 2009 un beneficio anual de entre 10.000 y 13.000 millones de euros, entre el 5,8% y el 6,5% del PIB de Cataluña. Xavier Cuadras, también catedrático de la universidad de Barcelona, valoraba los efectos de un posible boicot comercial por parte de los españoles en un máximo del 4% del PIB catalán. El dividendo fiscal de la independencia rondaba así un beneficio del 2% de su PIB.


Y mentes brillantes apoyaban esta idea. Un conjunto de economistas catalanes nacionalistas ubicados en universidades de prestigio internacional como la de Princeton, Columbia o la London School of Economics se asociaban en el Collectiu Wilson en apoyo de esta idea. Premios Nobel en economía como Gary Stanley Becker y Finn Erling Kydland se habían pronunciado también en defensa de la viabilidad de Cataluña como estado.

Artur Mas pasaba del ahogo fiscal al entusiasmo de imaginarse todo un jefe de estado, el Estado de Cataluña, y la música de “som una nació” se escuchaba con orgullo y, porque no, también soberbia, en toda Cataluña. Cegado por la exaltación nacionalista se dirigió a la Moncloa y el Sr. Mas envido a pares: o el pacto fiscal, o la secesión, con la constitución o sin ella. Ante lo que dice recibió un portazo de Rajoy, Artur Mas adelantó los comicios catalanes al 25 de noviembre de 2012 con la propuesta de abrir un proceso secesionista si acumulaba una mayoría importante que lo apoyase. Buena estrategia para absorber un buen número de votos sin que la crisis y los recortes le pasasen factura. Los nacionalistas moderados percibían en la estrategia la posibilidad de conseguir el pacto fiscal, considerando utópica la independencia. Los independentistas sintieron su anhelada secesión más cerca.

Pero esa estrategia era muy arriesgada. Haciendo creer a los catalanes que sus cartas eran buenas,  podía concentrar una mayoría absoluta absorbiendo a nacionalistas e independentistas, con ese doble juego de independencia o pacto fiscal. Un gobierno fuerte, presionando al gobierno con la secesión, podría despojarles de la soga que ahogaba el país.

Pero la realidad estaba lejos de tanto optimismo. En España sabíamos que Artur Mas no tenía cartas, e iba de farol. Y los medios de comunicación nacionales no tardarían en recordárselo, tanto al presidente, como al pueblo catalán.

Nadie ponía en duda la viabilidad de Cataluña como Estado. Una región rica dentro de un estado siempre va a pagar más de lo que recibe, por tanto su independencia ha de ser necesariamente viable. Pero el beneficio de esa independencia depende de otros factores, especialmente de su dependencia comercial con el mercado interno del país al que pertenece, y del grado de la pérdida de su cuota en este, una vez efectiva la independencia. En el caso de Cataluña, su dependencia del mercado interior español históricamente siempre ha sido muy alta, aún con un mercado en fuerte crisis, en el 2012 su cuota de exportaciones a España era del 47%. Un beneficio económico muy importante para Cataluña, que convierte una balanza comercial exterior deficitaria, en otra con superávit. Excesivamente arriesgado en una ya muy mermada economía catalana.

La Generalitat siquiera podía explotar demasiado el ahogo fiscal al que el estado sometía a las autonomías. Se podría haber presentado como posturas antagónicas entre la tendencia centralizadora del estado y la descentralizadora de las autonomías, dada la duplicidad de servicios que existen entre ambas, pero la realidad es que Cataluña, solo una de las 17 comunidades autónomas, en el 2012 acumulaba 50.948 millones de los 185.048 millones de deuda que acumulaban todas las administraciones autonómicas juntas. Un 27,5% de toda esta deuda, que implica el 17,6% del PIB español. Con diferencia la comunidad autónoma más endeudada de España.

Solo se había de añadir la porción de la deuda estatal que a Cataluña le correspondía por su peso en el estado, bien alrededor del 18% del PIB, o bien el 16% de su población, para desmontar cualquier ilusión sobre la viabilidad de una secesión en estos momentos. Cataluña triplicaría su deuda. Si el endeudamiento de la Administración central alcanzaba los 617.730 millones de euros; a Cataluña le tocarían junto con el peso de su deuda autonómica, la de la administración y la de las empresas públicas, 147.791 millones de euros, más del 74% del PIB catalán, (curiosamente, más que el peso relativo del endeudamiento que le quedaría a España sin Cataluña, un 65,8% del PIB).

Los medios no dejaron de hacer aparecer titulares sobre el excesivo optimismo y las tretas contables en los cálculos de la generalitat, para obtener esa cifra del 8% de déficit fiscal con el estado. La opinión que los expertos barajaban eran perdidas a causa de una hipotética secesión de entre el 20% y el 50% del PIB catalán, contando con la reducción del mercado con España, fenómenos de deslocalización de empresas, aumento de intereses y pérdidas de economía de escala.

No supo el Sr. Mas entender que su farol, ni colaría, ni gustaría a ninguno de los jugadores de esta partida de mus de España. Ante la proclama electoralista de “Catalunya, nou estat europeu”, el comisario de la Comisión Europea, Joaquín Almunia, y la vicepresidenta de la CE, Viviane Reding, 
dejaban claro que Cataluña quedaría fuera de la UE.

Los mercados también ponían su grano de arena para descubrir el farol. Varios bancos habían emitido informes negativos similares al del mayor banco suizo UBS, exponiendo que los efectos de la independencia para la economía catalana serían "fúnebres y desastrosos". Y los medios se encargaron de recordar que las agencias de rating, como Standard & Poor's y Moody’s tienen calificada la deuda catalana como bono basura, con un  diferencial de los títulos catalanes superior a mil puntos respecto a la deuda alemana.

Al final, el riesgo que implicaba la estrategia del Sr. Mas provocó que académicos sensatos nacionalistas, acabasen delatando el farol. Josep Oliver, catedrático de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB), explicaba que con la independencia de Cataluña su “deuda alcanzaría el 80% del PIB” y “no es imaginable”, y recalcaba que quienes la plantean lo hacían “como idea de medio plazo”. 

Solo faltaban las filtraciones de corrupción efectuadas por el diario El Mundo, sin firma ni autor, para recordar a los catalanes los casos de corrupción que ya habían salpicado a CIU y acabar definitivamente con toda la credibilidad de Artur Mas antes de las elecciones.

Difícilmente aquel farol podría haberle salido peor. El voto y escaños nacionalistas se mantenían casi exactamente como estaban, pero ahora el electorado independentista había concentrado su voto en ERC, haciendo perder a CIU, el partido del Sr. Mas, 12 de los escaños que ya tenían en el parlament.

Ni los independentistas le creyeron. CIU estaba manchada por la corrupción, ya de por sí no era creíble. Pero además habían ido de la mano del PP para aprobar toda la política de recortes efectuada, tanto en el gobierno central como en la Generalitat, y antes habían sido socios de gobierno con ellos, en la época de Aznar. Sabían que CIU no daría un paso tan arriesgado para el empresariado catalán, involucrándose de forma seria en un proceso de secesión.

Pero quizás, el error más importante del Sr. Mas fue creer que el pueblo catalán estaba tan desvinculado del español, como para tratar un proceso secesionista de una forma tan frívola. La realidad es que el 47% del electorado catalán, no vio la vía del soberanismo o la independencia como la más adecuada para sacar a Cataluña del dramático estado en que se encuentra.

Tras el batacazo electoral de noviembre, CIU aun mantenía la Generalitat en su poder, pero había perdido toda capacidad de presión contra el gobierno central por si sola. La magnitud de su farol le hizo perder la posibilidad de asociarse en el gobierno con los partidos más sensatos que podrían haber ofrecido la estabilidad necesaria para llevar a cabo el nuevo proceso de recortes que Bruselas obligaba a aplicar.

Ni PP, con la consulta por la secesión como compromiso electoral de CIU, ni el PSC, con la idea de que dicha consulta pudiese ser realizada ilegalmente y sin la aprobación de todos los españoles, podían ofrecerse como socios de gobierno para ofrecer a CIU la estabilidad parlamentaria que necesitaba. Solo le quedaba el socio más radical, ERC, y este solo había ofrecido su apoyo en el envite a la chica, la independencia, y si por ERC hubiese sido habría lanzado un órdago.

Oriol Junqueras (ERC) definitivamente no quiso compartir el desgaste de gobierno con CIU, en una legislatura marcada por recortes sociales a los que, como partido de izquierdas, se opone frontalmente. Pero ofrece el apoyo parlamentario suficiente para permitir a CIU gobernar asumiendo ella sola ese desgaste siempre y cuando se comprometa a la realización de una consulta por la independencia en el 2014.

Artur Mas sabe que jugador de chicas es mal jugador de mus, y todo el mundo entiende que si se envida a la grande, a la chica y a pares, ya no queda más remedio que envidar al juego.

Y es en este momento de la partida de mus de España donde ahora nos encontramos, en el envite al juego. El Sr. Mas sabe que ya tiene perdido el envite a la grande, no tiene cartas. Recientemente, en el balance de sus 100 primeros días de gobierno, declaraba que Rajoy “no ofrecerá el pacto fiscal por la consulta”, ni siquiera creía le ofreciese una mejor financiación. Mucho menos sacar ahora nada del envite a pares, es decir, hacer al gobierno central elegir entre el pacto fiscal o un proceso de secesión unilateral e inconstitucional. Esto último no se lo permitiría ni la UE, ni los mercados, ni el gobierno español ni tan siquiera la población catalana. Los comicios de noviembre de 2012 ya le mostraron que al menos el 50% de la ciudadanía siquiera quiere la independencia, y muy posiblemente el porcentaje
de apoyo sea mucho más bajo.

El president ya solo puede explotar las cartas bajas, las de la consulta, para al menos hacer creer que tiene un buen juego. Es su ultima oportunidad para salvar la legislatura y posiblemente también su carrera política. Por ello pide a los que apoyan la consulta, aunque sea legalmente, que entren en el gobierno con CIU. Se habla de situación de emergencia nacional:  “No está en juego el Gobierno; lo está el país”, decía, pero la realidad es que ni ERC ni PSC, por ahora han dado muestras positivas a ese llamamiento de emergencia.

Artur Mas, sabe que, vulgarmente, "la ha jodido". Por más que quiera disfrazar la dramática situación económica de Cataluña de emergencia nacional, llamando a la unidad de los partidos, a día de hoy todos saben que dicha situación depende de la flexibilidad de déficit que quiera aportar el gobierno central, o mejor, Bruselas. La suerte de Cataluña ya ha sido echada y es la carrera del Sr. Mas lo que ahora esta en juego. Difícilmente el resto de partidos catalanes quieran ensuciarse en una impuesta sangría de recortes, o acompañar al president en lo que podría ser el final de su carrera política. Más bien todos pretenderán obtener rédito electoral de ello.

El Sr. Mas aún hace uso demagógico de las cifras para culpar al gobierno de la situación de Cataluña. En la misma comparecencia ante los medios sobre los 100 primeros días de mandato se quejaba de que pese a concentrar el 17% de gasto público de toda España, Cataluña hubiese efectuado el 24% de los recortes de todas las Administraciones autonómicas. Citaba la incongruencia de que el Estado, con el 53% de todo el gasto público, haya recortado solo el 18% de su partida de gasto, frente a la proporción asumida por las comunidades autónomas: con un 33% del gasto público, han asumido el 71% de los recortes.

Se le olvida al Sr. Mas que el porcentaje de recortes efectuado por cada comunidad autónoma no está en función del porcentaje de gasto que tiene asignado por el estado, sino por su porcentaje de deuda. De hecho, si esta partida de gasto se distribuyese equitativamente entre todas las autonomías, sin contar con su peso demográfico, o porcentaje del PIB estatal que cada una ocupa, a cada una de las 17 autonomías les tocaría un 5,88% de esta partida de gasto público. El hecho de que Cataluña perciba un 17% de todo el gasto autonómico, no supone ni privilegio, pues este porcentaje responde a su volumen de PIB dentro del estado, alrededor del 18%, ni agravio comparativo como nos querían convencer. Por ello, la ministra de Fomento, Ana Pastor, afirmaba en el Senado que “Cataluña es la comunidad autónoma con mayor inversión de Fomento en el periodo 1996- 2012, que asciende a 23.856 M€”. El volumen de inversión para 2013 asciende a 1.112,7 M€, 2,6 veces la media nacional”. 

Cataluña esta recortando el 24% de todo lo recortado por las autonomías, porque el 27,7% de la deuda autonómica corresponde a Cataluña. Esto implica que la Generalitat por si sola ya habría asumido el 7,92% de todo el recorte de gasto público estatal. Existe otra porción de deuda pública que corresponde a Cataluña y es gestionada por el estado. Y contando con que Cataluña implica el 18% del PIB estatal, el 9,54% de toda el recorte de gasto público efectuado por el estado, corresponde a Cataluña. El volumen total de gasto público estatal recortado en Cataluña, bien através de la Generalitat, bien através del estado, es entonces el 17,46% del total. Pero la porción de la deuda que corresponde a Cataluña de toda la deuda pública española es el 24%. Cataluña aún sale beneficiada en el volumen de recortes que esta soportando si lo comparamos con el volumen de su deuda dentro del estado.

A pesar de la carga de demagogia que siempre acompaña a la política, especialmente desde los partidos nacionalistas, Artur Mas comienza a presentar cierta sensatez en su juego. En la misma comparecencia, textualmente explicaba:
“son cinco las razones que explican el colapso de las arcas catalanas: la recesión; el déficit fiscal, que se “arrastra”; el “lastre económico” del tripartito; el “reparto arbitrario” del déficit; y el impago de partidas que el Estado debe a Cataluña”. 

Parece que ya reconoce disponer de malas cartas. De nuevo recuerda el lastre del tripartito, y la recesión, aún culpando al gobierno por ese “reparto arbitrario del déficit” y aún reclamando todavía los 759 millones de euros comprometidos en la derogada Disposición Adicional Tercera del Estatuto, a pesar de que incluso el Sr. Homs recientemente reconociese que el estado no esta obligado a abonarla.

Paradójicamente, la partida del Sr. Mas ha sido tan mala, que ahora ruega participar en su gobierno a aquellos cuya mala gestión llevaron a la ruina a Cataluña y a él le catapultaron al poder, los partidos del tripartito ERC y PSC.

Esperemos que el Sr. Mas sepa terminar bien lo que queda de esta partida de mus. Esperemos no se deje seducir por ERC y acabe echando un órdago al juego. Contando con que ninguno de sus adversarios parecen contar con muy buenas cartas, el president aún puede obtener algún buen resultado de un modesto envite. Una mejora en el sistema de financiación, no solo para Cataluña, sino para todas las comunidades que realmente están siendo agraviadas por un injusto sistema fiscal que, manteniendo los privilegios medievales de los fueros, permiten que comunidades ricas sigan siendo receptoras netas del estado.

Y porqué no… quizás obtener algo del envite a chica. El envite no ha sido elevado, a priori una consulta no vinculante. A día de hoy ya todos queremos saber cual es la opinión de los catalanes, pocos españoles se oponen a ella.

Una consulta no debería arruinar a nadie, y el principal adversario del Sr. Mas es un gallego de apellido noble gracias al arzobispo compostelano D. Bartolomé Rajoy y Losada, gran limosnero y promotor de obras públicas. Al fin y al cabo, él también sabe de hechos diferenciales en España: es celta y habla
otra lengua. Cosas de la partida de mus española.




jueves, 7 de marzo de 2013

LA FALTA DE SENTIMIENTO ESPAÑOL EN CATALUÑA


Recientemente he recibido un comentario poco agradable en mi blog que reza: “existe una mayoria mínima del 55% ( no del 47% como comenta el artículo ) de una parte de los ciudadanos catalanes que no comparten..... es mas, repudian su españolidad”. Y esto si es muy significativo ( característica ancestral catalana a pesar de su inmigración española )”. Dicha afirmación resulta tan contradictoria como cuando leíamos en los medios al director del colegio La Llauna de Badalona, José Antonio Armario (un apellido muy español por cierto), decir que en el día de la Hispanidad “no tienen nada que celebrar”.

La contradicción que entiendo en esta afirmación se debe a dos motivos:

HISTORICOS: Esa españolidad o hispanidad que el comentarista Joaquim Puig dice tanto repudia a los catalanes, ha acompañado al territorio de Cataluña desde tiempos de los fenicios. Con los romanos el término "Hispania" correspondía al territorio que ocupaban en toda la península, incluida Cataluña y Baleares, y durante el dominio visigodo, el rey Leovigildo, tras unificar la mayor parte del territorio de la España peninsular a fines del s.VI, se titula rey de Gallaecia, Hispania y Narbonensis. Cataluña se encontraba dentro de la Hispania visigoda. Con la invasión musulmana el nombre de Spania o España se transformó en اسبانيا, Isbāniyā. A partir de los últimos años del siglo XII se generaliza nuevamente el uso del nombre de España para toda la península, sea de musulmanes o de cristianos. http://es.wikipedia.org/wiki/Espa%C3%B1a#Uso_del_t.C3.A9rmino_Espa.C3.B1a_hasta_la_Edad_Media

Por ello, los catalanes, como los vascos, aragoneses o castellanos se consideraban hispanos o spaniae, términos que en la edad media eran meramente conceptuales y no implicaban ningún sentimiento de nación,  concepto que no existía en la época, pues las relaciones territoriales se limitaban a meras relaciones de vasallaje entre nobles, pero que se usaban habitualmente. Por poner un ejemplo, el tan venerado por el nacionalismo catalán rey Jaime I de la Corona de Aragón se despidió del Santo Padre, diciendo: "Barones, ya podemos marcharnos: hoy a lo menos hemos dejado bien puesto el honor de España". http://es.wikipedia.org/wiki/Concilio_de_Lyon_II

Tras la unión dinástica de Castilla y Aragón, se comienza a usar en estos dos reinos el nombre de España para referirse a ambos, circunstancia que, por lo demás, no tenía nada de novedosa. http://es.wikipedia.org/wiki/Espa%C3%B1a#Origen_de_la_palabra_Hispania

La concepción de las actuales naciones europeas como España, Francia, Inglaterra, Alemania, etc comienza en la edad moderna, s. XVI, y por supuesto se topan con el nacionalismo emergente entre los antiguos reinos, en el caso de España, especialmente con los castellanos, que consideraban a Carlos V un rey extranjero y no entendían el porque de sufragar los gastos de su imperio. Se revelaron, perdieron las guerras comuneras y fueron masacrados, motivo por el cual acabaron pagando ingentes cantidades en impuestos de las que se libraron otros reinos como los de Aragón y Navarra. Pero desde luego esos pagos fueron muy a su pesar, y nunca porque se sintiesen más españoles que los catalanes o navarros.

A Cataluña le tocaría 100 años más tarde, afectados por las reformas unionistas del Conde duque de Olivares, en 1640, se produce el conocido levantamiento de los segadores al grito de “Visca el rei d´Espanya i muiren els traidors!”, asesinando y saqueando tanto soldados reales como a nobles y burgueses catalanes de los que estaban hartos por su opulencia. Pero buena parte de la sociedad catalana de la época se sentía tan española que, ante la poco democrática decisión del entonces presidente de la Generalitat Pau Claris, de hacer una republica independiente catalana bajo protección francesa, acatando a Luis XIII de Francia como su nuevo soberano Luis I de Cataluña , provocó una guerra civil en la misma Cataluña entre secesionistas y realistas. En 1649 los realistas avanzaron hasta casi Barcelona, donde el comportamiento de los franceses hizo inclinarse la balanza nuevamente a favor del español Felipe IV produciéndose incluso varias conspiraciones en este sentido, siendo de destacar la protagonizada por doña Hipólita de Aragón, baronesa de Albi. Acabaría, la guerra, Felipe IV echaría a los franceses de Cataluña y los jurados catalanes pedirían al rey Felipe IV ser aceptados "por los humilísimos y fidelísimos vasallos de Su Real Magestad (…) asegurándose V. Magestad que sacrificamos y sacrificaremos siempre nuestras personas, vidas y haciendas al Real servicio de V. Magestat


En 1691 Francia invade Cataluña, hasta sitiar Barcelona en 1694, que ha de ser reconquistada de nuevo con la ayuda de tropas reales españolas e inglesas. http://es.wikipedia.org/wiki/Guerra_de_los_Nueve_A%C3%B1os

La constante tensión contra Francia hizo que los catalanes les odiasen, hasta el punto de evitar la emigración francesa hacia Cataluña, por lo que Gerona llegó a permanecer  casi despoblada durante la segunda mitad del s. XVII. Hecho que nunca ocurrió con respecto al resto de españoles. Castellanos, navarros y catalanes emigraban a lo largo y ancho de la península a sus anchas y a partir del s.XVIII, bajo el estímulo de una economía en expansión que necesita ampliar sus relaciones de intercambio, cientos de comerciantes catalanes emigran para establecerse en Andalucía, en Castilla, en Galicia, en Murcia ..., por todas partes. Esto explica que, según el Instituto Nacional de Estadística (INE), los apellidos españoles como García, Martínez y López siguen siendo los más comunes de los catalanes como en el resto de España, y que los apellidos de origen estrictamente catalán no se encuentran en Cataluña hasta la posición 26, 27, 31, 33 y 36

El nacionalismo catalán ha efectuado una tergiversación histórica tan obscena que a muchos catalanes ha hecho pensar que España como nación no tiene más de 300 años de historia, que esto comienza con la guerra de sucesión contra el famoso Felipe V, llegando incluso a cambiar el nombre por “guerra de secesión” y convirtiendo a Rafael Casanova en mártir de la independencia catalana. Casanova no fue ningún mártir pues murió de viejo, perdonado por Felipe V, y ejerciendo toda su vida de abogado, y sentía la misma españolidad que probablemente sentían el resto de catalanes en la época constatada en su patriótico pregón de 1714 antes que las tropas franco-españolas entrasen en la sitiada Barcelona:
“protestando por todos los males, ruinas y desolaciones que sobrevengan a nuestra común y afligida patria y por el exterminio de todos los honores y privilegios [recibidos] quedando esclavos con los demás engañados españoles, y todos en esclavitud del dominio francés.
Pero hay que confiar en que todos, como verdaderos hijos de la patria amantes de la libertad, acudirán a los lugares señalados a fin de derramar gloriosamente su sangre por su rey, su honor, por la patria y por la libertad de toda España”.

Así, la repugnancia histórica de los catalanes hacia su españolidad que nos comenta sin fundamento Joaquim Puig, es rebatida incluso por académicos nacionalistas como el catedrático de Filología Catalana de la Universitat de València, Antoni Ferrando, que más bien explican lo contrario:

A partir del s. XVI "un profundo complejo de inferioridad se adueña de los catalanófonos ante un castellano imperial, considerado como lengua elegante y refinada por antonomasia".

Por otro lado, el sentimiento catalán antifrancés reavivado por la guerra del Rosellón de 1973 en la que estos volvieron a atacar Cataluña, así como el esplendor económico de Cataluña con los Borbones, ayudaron a que, cuando en el 1810 la política de Napoleón, tras la invasión francesa, independizó a Cataluña de España y el catalán aparecía como lengua co-oficial con la senyera colgando del balcón de la Generalitat, los catalanes hicieron caso omiso y continuaron luchando junto al resto de los españoles contra las tropas francesas. En el 1812 se firmaría la primera constitución española, “La Pepa”, con la aprobación de varios políticos catalanes, y dos años más tarde terminaría la guerra de la independencia española o guerra del francés para los catalanes.

Así, en una época tan tardía como en 1893, Francesc Cambó escribiría: “En su conjunto, el catalanismo (…) tenía todo el carácter de una secta religiosa. Puede decirse que todos los catalanistas se conocían entre sí”. A lo que las palabras de Josep Pla añadirían: “Los catalanistas eran muy pocos. Cuatro gatos”.

La oligarquía catalana siempre quiso proteger su comercio interior con España, hasta el punto que el acuerdo librecambista con Gran Bretaña del gobierno progresista de Espartero, aupado al poder por un levantamiento del proletariado y liberales en las ciudades de Barcelona, Madrid y Zaragoza, provocó otro levantamiento de nuevo en Barcelona, la jamancia, esta vez contra el gobierno que antes habían aupado al poder. Un general catalán de Reus, Prim, acabó bombardeando Barcelona, y fue Narváez, quien a través de un golpe de estado los sacó del poder asumiendo de nuevo los intereses proteccionistas de la oligarquía catalana y castellana, hasta hundir la meseta en la miseria más rural.
La pérdida de Cuba 1898 cambió la connotación meramente cultural del nacionalismo catalán de mediados del XIX, a otro político, territorial y germen del secesionismo que hoy día conocemos. Esto se puede observar en frases como la del político y escritor catalán Prat de la Riba: 
“Había que saber que éramos catalanes y que no éramos más que catalanes... Esta obra no la hizo el amor... sino el odio.”

Aún así, el sentimiento secesionista y antiespañolista nunca llegó a calar en exceso entre la población catalana. El levantamiento militar del catalanófobo Primo de Ribera, contradictoriamente recibió el apoyo de la burguesía catalana, que buscaba la vuelta del orden en las calles, instaurando una dictadura en 1923 que conllevaría un periodo de relativa paz. Tras la caída de Primo de Ribera se declara en Madrid el 14 de abril de 1931 la 2ª República, seguido de Francesc Macià proclamando desde el balcón de la antigua Generalidad de Cataluña la República Catalana dentro de una federación de pueblos ibéricos. El escaso apoyó que recibió le hizo declarar la Generalidad de Cataluña, y en 1932 se aprobó un estatuto de autonomía.

La dictadura franquista y su represión contra Cataluña, su cultura, y el resto de españoles progresistas lo cambio todo. No solo los catalanes, sino todos los españoles guardamos desde entonces un desprecio importante hacia nuestro país, donde el mínimo patriotismo se confundía con ser “facha”.

Pero el gobierno democrático que hoy conocemos en España, el estado de las autonomías que garantizan su autogobierno y su cultura hasta límites que no se conocían en la historia moderna de este país, parecía haber hecho olvidar ninguna intención secesionista considerable en Cataluña...

PRÁCTICOS: Para evitar prejuicios, basándonos en las encuestas del ICPSInstitut de Ciències Polítiques i Socials de Cataluña, entre el 1993 y el 2007 el porcentaje de la población catalana de acuerdo con la independencia en una pregunta cerrada de SI o NO, no había variado en todos esos años en cifras en torno al 35%.

Si las posibilidades de la encuesta se amplían, el Centro de Estudios de Opinión ofrece que desde el 2005 hasta el 2009 el porcentaje entre la población catalana que quería la independencia como tal variaba desde el 13,6% al 21,6% respectivamente, para pasar en diciembre de 2012 al 44,3%. Con respecto a los mismos que querían un estado federal, en los mimos años las cifras variaban desde el 31,3% en 2005 hasta el 29,9% en 2009 y 25,5% en 2012. Y con respecto a lo mismos que querían una Comunidad Autónoma como actualmente, los resultados variaban desde el 40,8% al 36,9% en 1993 y 2005 respectivamente, para finalmente presentar el porcentaje del 19,1% en 2012. El resto de encuestados querían que Cataluña fuese una región o bien no sabían/no contestaban.

Por tanto, los porcentajes de apoyo a la independencia han sido relativamente bajos como país democrático, en torno al 35% si la respuesta es de sí o no sin más alternativas según los estudios del ICPS, y del 15% si se permite la opción de Estado Federal, para ser incrementados solo actualmente desde el estallido de la crisis en el 2009. Yo, al contrario que el Sr. Puig, no concluiría la existencia de un repudio “ancestral” de los catalanes a su españolidad, más bien es algo de solo los últimos 4 años muy explotado como sabemos por la Generalitat.

¿Qué conclusiones podemos obtener de todo esto?

Que históricamente los catalanes se han sentido tan españoles como cualquier otro habitante de este país ya fuese navarro, vasco, castellano, andaluz, gallego o valenciano.

Que históricamente la Generalitat ha mostrado gran destreza en cargar a los castellanos, los españoles o a España como tal, los males que a los catalanes acontecen . Remitiéndonos a la historia, la firme voluntad de los virreyes en Cataluña de acabar con el bandolerismo (incluso prohibiendo la posesión de determinadas armas) levantó las susceptibilidades de las instituciones catalanas a mediados del s. XVII, contribuyendo con clara intencionalidad política a la difusión del mito de la «conspiración castellana» que caló hondo entre las capas de la población, uno de los motivos que llevaron al levantamiento de los segadores en el 1640, aunque la opulencia de sus nobles también hizo que se revelasen contra ellos.

Felipe V, un absolutista en toda regla, dio motivos sobrados de suspicacia al gobierno catalán sobre sus pocas intenciones de respetar sus instituciones, puesto que comenzó a intervenir en ellas de forma directa. Pero también es cierto que dio todo tipo de concesiones a las cortes catalanas, más de las que habían recibido en 200 años, llegando incluso a respetar las constituciones catalanas por encima de la voluntad real, y aún así, como explicaba en la época el  marqués  de San Felipe, “por tantas gracias y mercedes que se concedieron, se ensoberbeció más el aleve genio de los catalanes ; la misma benignidad del Rey dexó mal puesta la autoridad, porque blasonaban  de ser temidos y pidieron  tantas  cosas,  aun superiores  a  su esperanza  para que la repulsa diesse motivo  a la quexa  y algún pretexto  a la traición  que meditaban  ...”.

Hoy día, la estupidez mostrada por el gobierno central del PP atacando de forma directa cualquier moviendo con respecto al proceso soberanista aunque no tenga ninguna validez jurídica, o la fulminante destitución del fiscal jefe de Cataluña en la que posiblemente ha intervenido el ministerio, están acrecentando de forma exacerba el sentimiento independentista y antiespañolista catalán, algo relativamente nuevo, al menos en las proporciones actuales.

Por parte del gobierno central, a la gestión de la crisis, sus recortes y las limitaciones de déficit a las autonomías, se une un ataque directo hacia el proceso soberanista, acciones que parecen tener la intención de sacar de las portadas de los medios los casos de corrupción del PP, especialmente el referido a Bárcenas.

La crispación que esto esta provocando en la sociedad catalana, en un terreno ya sembrado por el rechazo a lo español desde hace 30 años por el gobierno de la Generalitat, ha llevado a un sentimiento de rechazo hacía este país entre la población catalana, que es compartido por el resto de españoles.

Quizás el gobierno central debería permitir al menos una consulta no vinculante, que hiciese desaparecer esa crispación y deseo a lo prohibido, y permitir expresarse a la población catalana. Pero parece que al PP le interesa más mantener la crispación para olvidarnos de sus casos de corrupción. Si la situación sigue en la misma línea, no sería de extrañar que acabemos viendo una Cataluña independizada, causando el mayor de los estragos a los catalanes y resto de españoles, por culpa de una gestión estúpida por parte del gobierno central del PP. 

jueves, 24 de enero de 2013

¿En que parte del paripé nos encontramos?


¿En que parte del paripé nos encontramos?

Pues bien, vamos a analizar un poco el estado de las cosas. El parlament ha aprobado por 85 votos a favor y 45 en contra la resolución soberanista propuesta por CIU-ERC, negociada a última hora tratando de sumar los votos de Iniciativa, CUP y PSC. La amplia mayoría que sus promotores esperaban ha quedado corta por la negativa a ser votada favorablemente por el PSC, hecho que casi resulta contradictorio, pues estos llevaban el derecho a decidir bajo el brazo en su programa electoral de las pasadas elecciones catalanas de 2012.

Lo aprobado sencillamente es que el pueblo catalán es “sujeto político y jurídico soberano” para decidir su futuro. Como textualmente ha declarado Oriol Pujol: “No es una regulación jurídica, eso ya lo haremos. Tampoco es una hoja de ruta, eso ya lo decidiremos. Ahora declaramos cuáles son los fundamentos. Como más sólidos sean los fundamentos, más sólidas serán las paredes”. Es decir, fuera demagogia, lo aprobado a fecha del 23 de enero de 2013 no tiene ningún tipo de validez jurídica.

No es la primera vez que el Parlament defiende el derecho del pueblo catalán a la autodeterminación, de hecho ya se han votado en este textos que observan este derecho hasta en cinco ocasiones: En 1989 se votaba una resolución que especificaba que el Cataluña no renunciaba a la autodeterminación, en 1998 se ratifico pero CIU proclamó su respeto a la Constitución y frenó una propuesta que pedía su reforma, en el 2000 y 2001 se volvió a ratificar este derecho y se realizaron consultas populares en centenares de municipios sobre la independencia, y recientemente, en el 2012, el pasado 27 de septiembre, se aprobó un texto que instaba a convocar una consulta en la siguiente legislatura adelantado los comicios catalanes. Ninguna de estas declaraciones han tenido ningún efecto ni validez jurídica.

La realidad es que CiU y ERC ya han rebajado en esta última ocasión el tono de su borrador inicial al suprimir que el objetivo de la consulta era un Estado propio e incorporar también al título de la declaración el derecho a decidir, con la intención de obtener el mayor consenso posible en el parlament. Pero como dijo el socialista Maurici Lucena,  “nuestro límite es la legalidad”, insistiendo en el modelo de Escocia y Quebec, cuyos Gobiernos negociaron con los de Reino Unido y Canadá la consulta, no en el de los gobiernos bálticos que parece seguir CIU-ERC.

El problema para el nacionalismo catalán es que saben de sobra que ni la Moncloa ni el parlamento español van a amparar jurídicamente un referéndum de secesión en Cataluña, y es poco probable siquiera permitan una consulta sobre el tema, ni al pueblo español, ni mucho menos al catalán unilateralmente.

Tanto Rajoy como Mas y como su socio Oriol Junqueras tienen bien presente lo que ocurrió al Plan Ibarretxe cuando llego al parlamento español. La estrategia de Zapatero fue llevarlo al Congreso, dejar que se tramitara y que Ibarretxe lo defendiera y seguidamente se anuló con la mayoría aplastante de la suma de PP y PSOE. Rajoy también tiene bien presente un ejemplo de mala estrategia por parte de su predecesor en el partido, el Sr. Aznar, cuando trató de impugnar dicho plan llevándolo al Constitucional y este rechazó el recurso, permitiendo su tramitación en el parlamento. Hoy día el constitucional es mayoritariamente progresista, por lo que cabe esperar el mismo resultado.

Aunque el gobierno central invite al nacionalismo catalán a presentar sus propuestas en las cortes: “si quieren una reforma constitucional, que traigan una propuesta”, la indudable negativa de estas a aceptar cualquier propuesta secesionista y la experiencia de Ibarretxe evitan que CIU-ERC siquiera lo consideren. Así con estas, en política todos esperan un intenso año de provocaciones de parte de los sectores nacionalistas catalanes que llevarán al parlamento catalán a aprobar otro número de textos y leyes con nula validez jurídica, hasta finalmente aprobar una ley de consultas catalana o bien pasar directamente a convocar un referéndum secesionista.

Como bien explica Carlos E. Cué en su artículo en El País, “Rajoy aplaza la batalla legal contra el desafío independentista de Mas”, esa paciencia que Rajoy esta encontrando tan virtuosa, evitará a este hacer un solo movimiento legal contra ninguno de los pasos dados por el parlament hasta que no lleguen a estos últimos movimientos: aprobación de ley de consultas o referéndum. Ambas son indudablemente inconstitucionales y para evitar este adjetivo habrían de pasar antes por las cortes, por una votación democrática en toda España y realizar un cambio constitucional que ampare de forma legal la secesión de Cataluña.  Es decir, impulsar la reforma de la Constitución para encajar la votación, la vía del PSC.

Se tome la iniciativa que se tome, aunque sea la vía rápida postulada por la actual mayoría parlamentaria catalana, la de convocar una consulta en el 2014, el camino es lo suficientemente largo para que, como explica el autor antes citado, Rajoy espere “con un discurso amable y dialogante, sin darle a Mas la coartada para el victimismo”, provocando así que el Sr. Mas vaya “cociéndose en su propia salsa”.

El president Mas sabe que su proyecto no va a llevar a ningún sitio, al menos en esta legislatura. Cataluña no puede independizarse con la mayor deuda pública de España, los mercados no podrían financiarla (los expertos postulan que esto solo sería viable en una veintena de años), y a priori saldría de la UE. Tampoco el congreso aprobará ni ley de consultas ni mucho menos un referéndum, se declarará inconstitucional y la decisión de este tribunal se demorará años. Una vez ocurrido esto, el derecho internacional que tanto invocan los nacionalistas tampoco debería amparar una secesión votada unilateralmente por los catalanes. El Tribunal Supremo de Canadá interpretando la legislación internacional con respecto a Quebec lo deja muy claro:

«[La sentencia] Recoge la doctrina internacional clásica respecto al derecho de autodeterminación, que legitima una declaración unilateral de independencia en casos perfectamente tasados, como las situaciones coloniales, alejados todos ellos del quebequés y, podemos añadir, de nuestras propias regiones. Atributos particulares de un grupo de ciudadanos, como la lengua, la cultura o la religión, no atribuyen un derecho unilateral a la secesión en un Estado democrático.»

Mas sabe que su proyecto secesionista es inviable, pero ya apostó por él en las pasadas elecciones. La Diada de 2012 ofuscó su mente, y pensó que ese órdago al gobierno le haría ganar un importante rédito electoral a pesar de los impopulares recortes del Govern. La estrategia era buena: la crispación ciudadana por los recortes junto una adecuada propaganda culpando al estado central atraería hacia CIU el voto independentista que ahora parecía ir en serio con respecto a la idea de secesión y los federalistas o simplemente los votantes asiduos de CIU confiarían en que Mas obtendría beneficios para Cataluña presionando así al Estado.

Pero el “tiro le salió por la culata”. Los indicios de corrupción de Mas y los Pujol en la prensa, la falta de voluntad real en la ciudadanía catalana hacia ese proyecto secesionista, y la desconfianza de los independentistas más radicales hacia una CIU con el moderado y oportunista Duran i Lleida en la dirección, radicalizaron el voto. Los votantes de CIU ahora son en su mayoría federalistas o independentistas, y los independentistas más radicales concentraron su voto en ERC. Con respecto a las pasadas elecciones, el número de votantes nacionalistas no ha variado. En 2010 CIU-ERC sumaban 72 escaños con respecto a los 71 de 2012. Más bien la propuesta de consulta secesionista ha transportado 11 de los antiguos escaños de CIU a ERC, mientras los españolistas han acabado aumentando los escaños del PP y Ciutadans en contra del PSC, menos claros en sus ideas.

Tras estos resultados, habiéndose convertido el Sr. Mas en estandarte del secesionismo, y sabiendo la actual naturaleza de sus votantes, no le quedaba más remedio que hacer socio de gobierno a lo que cualquiera entendería como su contrario, ERC, solo por mantener la tensión del proyecto soberanista por el que había apostado. Sabe que no le llevará a ningún lugar, pero tiene que satisfacer a sus votantes que han optado por realizar la consulta, y a los de ERC que no dudan en querer aún más. El president sabe de donde vendrán las presiones en contra a lo largo de su deriva: los empresarios catalanes en algún momento se pronunciarán en contra de ese proyecto secesionista, el estado impugnará una hipotética ley de consultas e incluso la UE se pronunciará a través de distintos cargos, como ya lo esta haciendo, advirtiendo de los riesgos de ese proyecto.

Pero Mas tiene que demostrar firmeza, aún estando más debilitado que nunca, y ahora toca hacer números. La única carta que ya le queda jugar es la crispación. Al final de su legislatura quizás no haya habido una consulta, pero la crispación causada por la negatividad del gobierno central al proyecto, la culpa de todos los males de Cataluña a España, y el esfuerzo por haber tratado de llevar a cabo esa consulta pueden ser recompensados por el independentismo más radical, concentrando su voto de nuevo en una CIU que consideren realmente involucrada en la secesión de Cataluña. A su vez, CIU puede mantener su tradicional electorado si en cuatro años de gobierno la economía catalana llega a mejorar. Aquí ya tendría una segunda oportunidad para obtener privilegios del gobierno central manteniendo esa presión y quizás suficiente poder como para plantear un referéndum de forma más seria.

Por su parte Rajoy sabe que su parsimonia política y perfil bajo ahora se convierten en grandes virtudes mientras Mas se vea obligado a ir moviendo fichas presionado por ERC en el proceso independentista. Tratará de usar la intermediación de Duran i LLeida y su influencia entre los empresarios catalanes para traspasar la presión de forma indirecta sobre la Generalitat, evitando enfrentamientos frontales con el parlament hasta que llegue el momento de impugnar una ley de consultas, algo que todo el mundo espera de forma natural. Si las condiciones económicas son muy negativas es posible que esa presión acabe con la coalición CIU-ERC antes de acabar la legislatura. Sabiendo esto, el brazo de CDC de CIU, con el presidente de la Generalitat a la cabeza, tratarán de quitarse de en medio a Duran para así mostrar de forma inequívoca su clara naturaleza independentista. De ahí las criticas antes de la votación soberanista a Duran i Lleida, evitando así dudas en el futuro sobre una posible traición a UDC por este representado, tras haber votado a favor del texto aprobado en el parlament.

El panorama político catalán cuanto menos se muestra entretenido por unos años. Es difícil hacer conjeturas de cómo acabará. Si la encuesta realizada por el  diario catalán el Periódico tras la Diada de 2012 muestra de forma veraz la opinión de la sociedad catalana con respecto a la secesión, solo un 34,1% de los catalanes quiere la independencia. De los votantes de CIU, el 47,3% optaban por elegir la independencia y un 31,8% por un Estado Federal, y un 76,7% de los votantes de ERC preferían la independencia con respecto a un 18% que se conformarían con una Cataluña Federal dentro de España. Con estos datos es más que difícil imaginar que la secesión de Cataluña llegue a ser una realidad, por más rédito electoral que Mas obtenga de su estrategia política en estos años.

Por otro lado, lo que es seguro, es que si las provocaciones desde el parlament se mantienen a lo largo de toda la legislatura, y Rajoy sigue mostrando ese carácter apaciguado y dialogante que ahora observamos, podemos esperar un buen número de votos españolistas concentrados en el PP como de independentistas concentrados en CIU, por lo que podemos augurar, si la mejora económica acompaña, una repetición de ambos gobiernos en las próximas legislaturas.

La doctrina de shock habrá dado sus frutos: ¡Que Dios nos pille confesados¡



viernes, 11 de enero de 2013

El pueblo de Cataluña tiene, por razones de legitimidad democrática, carácter de sujeto político y jurídico soberano.


Cataluña perteneció a Hispania desde el origen de este término. Estuvo dentro de la Hispania fenicia (i-spn-ya) en el 800 aC, desde hace ya 2800 años, Cataluña ha pertenecido, al menos territorialmente, a Hispania, Spania o el Reino de España.

El desequilibrio fiscal por habitante en contra de la Corona de Castilla con respecto a la de Aragón varió entre cifras de un 400% superior en 1553, a un 838% en 1623 y hacia 1833, si cada castellano pagaba 29,5 reales, los de la corona de Aragón pagaban 11,5. Decía Quevedo en verso que “En Navarra y Aragón no hay quien tribute un real; Cataluña y Portugal son de la misma opinión; Sólo Castilla y León, y el noble pueblo andaluz, llevan a cuesta la cruz”.

Disfrutando de dicho desequilibrio fiscal entre ambas coranas, a finales del s. XIX se había desarrollado un eje de industrialización norte-periferia que convirtió al País Vasco en el centro de la industria siderúrgica, con Bilbao como capital industrial y financiera del norte, y una Cataluña donde se había desarrollado una potente industria textil y algodonera, con Cuba como el enclave comercial más fructífero que nunca antes había tenido la industria catalana, y con el puerto de Barcelona como base del intercambio comercial entre América y España. Muchos catalanes habían acudido a la isla a hacer “las Américas” volviendo enriquecidos y llenando Cataluña de bonitas casas coloniales. En el 1900, en Cataluña se localizaba el 94% de los usos mecánicos españoles y el 90% de los telares mecánicos.

Manuel González Portilla, de la Universidad del País Vasco, nos ofrece datos muy clarificadores del efecto económico de la dictadura franquista en el paisaje peninsular. El Valor Añadido Bruto (V.A.B.) industrial español del período 1955-1964 concentraba en el eje Cataluña-Cornisa Cantábrica el 46,78% de la riqueza general española, en una población que solo implicaba el 21,85% del total. Si uníamos Madrid, la participación industrial ascendía al 56,58% con una población que no llegaba a un tercio del total. De nuevo, la dictadura había lapidado la economía de la Meseta, Galicia y Andalucía, un 51,2% de la población española que solo producía un 25,9% del VAB español.

Hace solo 34 años, un 91% del electorado catalán votaba favorablemente por una constitución española que especifica en el artículo 8 “conocer una sola nación, la española” y que desarrollaría el modelo autonómico que ha dado lugar al Estado más descentralizado, y caro, de Europa, y que ha logrado un Estatuto de Autonomía catalán mucho más generoso que el de la Segunda República. 

Cataluña, al igual que el resto de España, se ha construido y ocupado por todos los españoles y con la participación de todos ellos. Actualmente, solo un 66,9 % de la actual población catalana ha nacido allí, de los nacidos antes del año 1973 un 52,3% (más de la mitad) nacieron fuera de Cataluña, y el 23,2% de toda la población catalana son de padres andaluces. ¿No es lógico entonces que la soberanía de Cataluña recaiga sobre todos los españoles?

Esto es algo que parece no quieren comprender los políticos nacionalistas catalanes cuando indican que “el pueblo de Cataluña tiene, por razones de legitimidad democrática, carácter de sujeto político y jurídico soberano”.
No disfrutaron de dicha soberanía más que por siglo y medio a lo largo de su historia, desde que el conde de Barcelona Ramón Borrel ll (972 - 1017) gobierna como un soberano con todas sus atribuciones y moneda propia, hasta la fusión del condado en la Corona de Aragón en el 1137, pero ahora quieren disfrutar de ella.

Para ello los nacionalistas catalanes quieren ampararse en el derecho internacional. Promulgan los convenios de Viena y la Resolución 1514 de 14 de Diciembre de 1960 de la ONU, una resolución que define lo qué ha de entenderse como pueblo colonial, siendo aquel, el pueblo que no ha alcanzado aún la plenitud de gobierno propio y que además habita en un territorio que está separado geográficamente del país que lo administra. El Derecho internacional le ha puesto límites a la Resolución 1514, se declara contrario a la Carta de las Naciones Unidas todo intento dirigido a quebrantar la unidad nacional y la integridad territorial de un país.

El Convenio de Viena de 1978, con respecto a la secesión de territorios, niega al nuevo Estado la pertenencia a los organismos (UE, ONU). 

La interpretación que hace el Tribunal Supremo de Canadá de la legislación internacional sobre el tema lo deja todo muy claro:

«[La sentencia] Recoge la doctrina internacional clásica respecto al derecho de autodeterminación, que legitima una declaración unilateral de independencia en casos perfectamente tasados, como las situaciones coloniales, alejados todos ellos del quebequés y, podemos añadir, de nuestras propias regiones. Atributos particulares de un grupo de ciudadanos, como la lengua, la cultura o la religión, no atribuyen un derecho unilateral a la secesión en un Estado democrático.»

Lo cierto es que, difícilmente los convenios de Derecho internacional puedan considerar legítima una declaración de independencia unilateral por parte del pueblo catalán, más cuando esta decisión se basa más en argumentos de conveniencia económica, y ajenos a ninguna clase de proceso colonial por parte del estado hacia Cataluña.

Las ventas al mercado interno español, mercado que la oligarquía industrial catalana siempre ha protegido, a veces en perjuicio del resto del país, han permitido un superávit histórico en la balanza comercial catalana. Sin embargo, hoy día, debido esencialmente a la crisis económica, esas ventas al mercado interno se han reducido mucho, siendo hoy día el 47% de las ventas catalanas, en contra de un aumento mayor de las exportaciones. Aunque esas ventas al mercado interno aún siguen permitiendo un superávit en la balanza comercial de Cataluña, la generalitat calcula que aún contando con un posible boicot español, la independencia le permitiría ahorrar aún un 1,8% de su PIB.

El referéndum de independencia no parece más que una quimera, e incluso un instrumento de crispación usado tanto por PP como CIU para desviar la atención le los ciudadanos sobre los procesos de recorte de gasto público propiciados por las administraciones que controlan.  Quizás también una forma de presión sobre el ejecutivo central por parte de la Generalitat para ser privilegiada fiscalmente.

Pero aunque todo esto no sean más que meras artimañas políticas, y aunque todos los expertos y entidades bancarias internacionales promulguen la imposibilidad o perjuicio que implicaría esa independencia a Cataluña por las dificultades de financiación de su enorme deuda, la mayor de todo el estado, es cierto que la viabilidad de Cataluña como estado independiente es real, al menos en un par de décadas, cuando solucione sus problemas financieros.

Esto lo saben todos lo políticos, pero la independencia se basa en una posible conveniencia económica para Cataluña, no en un expolio o trato injusto por parte de la administración central, ni ahora ni antes en la historia.

Los españoles habríamos de considerar la secesión de Cataluña, si así su pueblo lo quiere, y en mi opinión, si la realidad es la de una mayoría importante de la población catalana que desea la independencia, mediante un referéndum estatal se les debería permitir. Pero no en un momento en el que el perjuicio económico de dicha independencia provoque a los españoles, también catalanes, decenas de años de pobreza y dificultades.

Si Cataluña se ha construido por todos los españoles, todos los españoles tenemos derecho a decidir, y a permitir su salida cuando la situación general del país no provoque mayores estragos que un adiós a los que siempre fueron nuestros compatriotas. 

miércoles, 9 de enero de 2013

Mas evita buscar un reencuentro con el gobierno central


La lógica nos puede decir que se ha de apostar por el eje Mediterráneo, que Zapatero impulsó en Bruselas para su financiación, y que finalmente la UE ha aceptado dejando de lado el eje central por Aragón, el del TCP. La zona que atravesaría el corredor mediterráneo concentra cerca del 40% de la población de España y el 45% de su PIB. Aglutina además el 65% del tráfico marítimo. Según informes avalados por las Cámaras de Comercio de Cataluña y de la Comunidad Valenciana, tendría una rentabilidad superior al 11%. Si las conexiones con los puertos fueran las adecuadas, se evitaría la circulación de camiones (con el consiguiente beneficio ecológico) y se podría arañar actividad portuaria a Hamburgo y Rotterdam. Pero el eje mediterráneo tiene un problema: exige una fuerte inversión. El ministro Blanco anunció en marzo que lo dotaba con 51.000 millones. Pronto empezaron a escucharse las primeras críticas. Por ejemplo, las del consejero de Infraestructuras valenciano, Mario Flores, que reprochó que no estaban definidas todas las fechas de licitación. Algunos expertos, como el catedrático de Política Económica de la Universitat de Barcelona Germà Bel también advirtieron de que parte del dinero comprometido está en realidad destinado a conexiones con Madrid.

La realidad es que la elección de la apuesta de Bruselas se debe mucho a su promoción política por parte del PSOE.

El TCP por Aragón es 5 veces más barato de construir, puesto que el eje Mediterráneo necesitará de una vía paralela en una zona costera muy construida de la que se necesitarán también licencias de construcción. Un estudio cuantifica en 41.500 millones el tramo del litoral, que se alargaría a Finlandia, frente a los 8.697 millones del eje de la TCP. El proyecto incluye construir líneas que ni siquiera ha previsto el Ministerio de Fomento. La factura íntegra suma el 78% de la inversión prevista para toda la Red Transeuropea.

El TCP podría implicar 1.200 millones anuales de beneficio al conjunto del país y una zona mucho más deprimida que la Mediterránea. Sería el túnel por el que cruzaría una línea ferroviaria de gran capacidad hacia Francia. Una línea que, en suelo peninsular, llegaría hasta Madrid y ahí se bifurcaría en dos ramales, uno hasta el puerto andaluz de Algeciras, y otro hasta el portugués de Sines. Podría conectarse directamente a través de Madrid con el puerto de Valencia, único junto con Almería que dispone de suficiente calado para que accedan grandes buques de contenedores, Barcelona no lo tiene, y además conectarse con el Magreb através de la línea central.

La construcción de la TCP generaría, en los años que duraran las obras, una actividad cifrada en 12.000 millones de euros. La Travesía Central del Pirineo podría llegar a captar entre 26 y 30 millones de toneladas transportadas anuales, diez veces más que el volumen total que se está transportando ahora por los pasos laterales del País Vasco y Cataluña.

Parece que el eje Mediterráneo ha sido finalmente la apuesta favorita de Bruselas y del PP en el gobierno central, pero si la apuesta nacionalista sigue en la misma línea se debería estimar de nuevo la alternativa del TCP para evitar la inversión de infraestructuras que finalmente no beneficien al conjunto de España. 


FUENTES DE INFORMACIÓN PARA LA ELABORACIÓN DEL ESCRITO: